¿Y si el problema no es “marino vs vegetal”, sino cómo estamos midiendo (y diseñando) la transición?
Por: Dr. Daniel Nieto Díaz-Muñoz, gerente del Programa Tecnológico para la Producción Local de Insumos Nutricionales Vegetales para la Acuicultura (PTEC-INVA).
Un paper reciente cuya síntesis se publicó en Salmonexpert esta semana (Björn Kok et al, “Sustainable aquafeed? The devil is in the detail”, Journal of Cleaner Production 546 (2026) 147666) vuelve a poner sobre la mesa un supuesto que la industria adoptó casi como axioma: reemplazar ingredientes marinos por vegetales no garantiza una menor huella de carbono. Cuando se incorporan emisiones por fertilización nitrogenada (N₂O), uso de suelo y procesamiento industrial, el balance climático puede no ser tan evidente.
Esto no invalida la transición vegetal. Pero sí obliga a sofisticarla.
En Chile, la discusión es particularmente relevante. Tenemos una agricultura sin deforestación reciente, una matriz eléctrica en transición renovable y una industria salmonicultora con escala global. La pregunta entonces no es si usar ingredientes vegetales, sino cómo diseñarlos climáticamente desde el origen.
En el PTEC-INVA estamos trabajando precisamente en ese punto crítico:
- Desarrollo de la evaluación del ciclo de vida (LCA, por su sigla en inglés) primaria nacional para ingredientes acuícolas.
- Reducción estratégica de emisiones agrícolas (especialmente N₂O).
- Integración con economía circular marina.
- Optimización sistémica del factor de conversión de alimento (FCR, por su sigla en inglés) y la huella por kilogramo de salmón.
La ventaja competitiva hacia 2030 no estará en elegir un origen, sino en controlar el hotspot principal del salmón: el alimento.
Chile tiene la oportunidad de pasar de sustituir importaciones a diseñar el primer modelo integrado agro–acuícola de baja huella a escala industrial. Antes que Europa y cualquier otro país, y lo importante es que ya comenzamos en la ruta del PTEC-INVA.
La transición no es binaria. Es de diseño.