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La agricultura y el origen de la huella del salmón

La agricultura y el origen de la huella del salmón

Por: Dr. Daniel Nieto Díaz-Muñoz, gerente del PTEC-INVA.

Cuando se habla de la huella de carbono del salmón, generalmente se mira el mar: centros de cultivo, transporte, energía, logística. Pero la evidencia científica es clara en cuanto a que la mayor parte de la huella del salmón se origina en la agricultura que produce su alimento. Aquí y en la quebrada del ají.

Hoy, en el sur de Chile, el modelo agrícola predominante es convencional e intensivo en fertilización mineral, especialmente en cultivos como trigo, cebada y raps (canola). Es un sistema productivo eficiente en rendimiento, pero que depende fuertemente de:

  • Fertilizantes nitrogenados sintéticos.
  • Maquinaria de combustible fósil.
  • Rotaciones limitadas.
  • Baja integración biológica del suelo.

El principal efecto ambiental de este modelo no es visible a simple vista: se trata de emisiones de óxido nitroso (N₂O), un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento global 273 veces mayor que el CO₂. En muchos sistemas agrícolas, el N₂O representa entre el 30% y 60% de la huella climática total del cultivo. Y cuando esos cultivos se transforman en ingredientes para alimento de salmón, esa huella se traslada directamente al producto final.

En otras palabras: la huella del salmón comienza en el suelo agrícola… por lo tanto, ¿qué se puede hacer para cambiar esto? Esta transición no requiere inventar nada nuevo, sino escalar prácticas ya conocidas y científicamente validadas, a saber:

✔ Rotaciones con leguminosas (fijan nitrógeno) para reducir fertilización nitrogenada. ✔ Uso de inhibidores de nitrificación para disminuir emisiones de N₂O. ✔ Fertilización de precisión basada en monitoreo real del suelo. ✔ Siembra directa y cultivos de cobertura para aumentar carbono orgánico. ✔ Mejora de eficiencia hídrica y retención de agua en suelo.

Estas medidas pueden reducir las emisiones agrícolas en 30–60%, lo que podría disminuir la huella total del salmón en 10 – 30%, lo que no es para nada marginal. Obviamente esto implica un proceso de cambio estructural.

Dado lo anterior, existe una oportunidad estratégica única; en efecto, Chile tiene una ventaja que pocos países poseen: es uno de los mayores productores mundiales de salmón, una red energética en transición y tiene la capacidad científica y territorial para rediseñar su sistema agrícola.

Lo anterior significa que podemos pasar de una agricultura que simplemente produce volumen, a una agricultura que produce ingredientes de bajo carbono, trazables y optimizados para acuicultura.

En síntesis, si logramos integrar agricultura regenerativa, medición del ciclo de vida de insumos (LCA) nacional y cadenas de suministro locales optimizadas, Chile podría producir: ✔el salmón de menor huella de carbono del mundo, ✔con menor huella hídrica, ✔y con trazabilidad ambiental completa.

¿Se dan cuenta de que el liderazgo climático del salmón chileno no se decide en el mar? Se decide en el suelo. Y la pregunta no es si podemos hacerlo. Es si queremos liderar en este proceso, que ciertamente atañe a todos los países que producen salmón y trucha.