El PTEC-INVA y el fomento a la agricultura chilena
En los últimos 40 años, Chile construyó una de las industrias salmonicultoras más importantes del mundo. Sin embargo, gran parte de los ingredientes vegetales que componen la dieta de nuestros peces siguen recorriendo miles y miles de kilómetros antes de llegar a un centro de cultivo.
Hoy el mundo ha cambiado en muchos aspectos. Las tensiones geopolíticas, la fragilidad de las cadenas logísticas globales, el aumento de los costos energéticos y la creciente necesidad de resiliencia territorial están obligando a repensar cómo producimos alimentos y de dónde provienen nuestros insumos estratégicos.
En ese contexto, iniciativas como el Programa Tecnológico para la Producción Local de Insumos Nutricionales Vegetales para la Acuicultura (PTEC-INVA) impulsado por la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) buscan abrir una nueva ruta para Chile: integrar agricultura y acuicultura en una cadena productiva moderna, territorial y tecnológicamente sofisticada.
Durante casi cinco años, junto con Salmones Antártica, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), la Universidad de Chile (UChile), la Universidad Católica de Temuco (UCT), el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), el holding Agrotop, el laboratorio Veterinary Histopathology Center (VeHiCe) y diversos actores del ecosistema salmonicultor y agrícola, el PTEC-INVA ha trabajado en investigación aplicada sobre cultivos como lupino, trigo, raps canola, arveja, camelina y otros, evaluando productividad, nutrición, concentración proteica, perfiles lipídicos, modelos de negocio y escalamiento territorial.
Pero hay una realidad que no podemos ignorar: nada de esto será sostenible si el agricultor no tiene rentabilidad. Este es probablemente el principal desafío técnico y estratégico de esta década.
No basta con lindas fotos, presencia mediática, discursos sobre sostenibilidad, economía circular o integración territorial. Los rendimientos importan al punto de ser vitales. Los márgenes importan. La transferencia tecnológica importa. La genética importa. El acceso a contratos agrícolas estables importa. Y esto debe ser conocido por los cuatro eslabones de la cadena: agricultor – procesador – fabricante de alimento – salmonicultor.
Es fundamental que al final del día el agricultor debe poder sembrar con confianza y cosechar con rentabilidad. Esta es una enorme oportunidad para Chile.
Mientras otras regiones del mundo discuten cómo recuperar soberanía alimentaria y reconstruir cadenas locales de abastecimiento, nuestro país tiene condiciones excepcionales para desarrollar una nueva agroindustria asociada con la salmonicultura: conocimiento técnico, capacidad científica, territorio, agua, experiencia agrícola y una industria acuícola con demanda real y permanente.
Si logramos echar a andar con la suficiente energía esta rueda virtuosa, el futuro no consistirá solamente en producir más salmón y trucha. Porque precisamente el verdadero desafío es producir también, en nuestros propios campos, parte importante de aquello que alimenta a nuestros peces.
Eso no solo haría más resiliente a la salmonicultura: podría transformar profundamente la macrozona sur-austral de Chile y también podría transformar parte del norte. Estudios preliminares en la región de Coquimbo realizados sobre lupino en la Universidad de La Serena (ULS) están abriendo promisorios caminos que podrían conducir al desarrollo de una potente industria agrícola en ese territorio.
Eso lo pudimos constatar esta semana en una visita que hicimos a los investigadores de dicha casa de estudios en relación con nuestra participación en el Summit Acuícola 2026 de los consorcios y programas tecnológicos de Corfo llevado a cabo en la Facultad de Ciencias del Mar (FCS) de la Sede Coquimbo de la Universidad Católica del Norte (UCN).
Por Dr. Daniel Nieto Díaz-Muñoz, gerente del Programa Tecnológico PTEC-INVA.